¡Adiós! Demasiado valioso eres para mí,
Y como suficiente ya conoces tu estima
Carta de libertad te otorga tu valía,
Pues han prescrito mis poderes sobre ti.
Porque, ¿Cómo te retengo si no es con tu acuerdo?
Y para tal riqueza, ¿Cuál es mi mérito?
La causa de este don en mí está ausente
Y así mis derechos de nuevo se pierden.
Te entregaste sin conocer tu propio valor
O yo, a quien te entregaste, soy tu error;
De modo que ese alto don, que creció errado,
Vuelva a casa de nuevo con juicio ajustado.
Así te tuve como un sueño mimado:
Dormido fui un rey, despierto, nada que ver.