Refrescante, lúcido, sorprendente, apañado, caracolizante, reflexivo, apasionado, contemplativo, pausado, frenético, colifloresco... mi mundo y yo.

Zúhmántico: Se dice de aquella persona, ser o cosa enamorada de la vida, capaz de transformar momentos y situaciones vividas en simples y exiguas palabras y con la habilidad de ver el doble sentido de toda frase, comúnmente conocidos como romanticones.

Actualmente trabajando en esto: Zúh Malheur Bonheur.

Un ser bípedo, gracioso, crítico, osado, amoroso cuando se deja, con un montón de cosas por decir y con un contenido sentido de la austeridad verbal.


18 feb 2020

2000

Crash Bandicoot 3 y Spyro 2. Sí, jugué a muchos juegos de Playstation 1 durante mi infancia, pero esos fueron los dos primeros. Ya había experimentado previamente la sensación de jugar con una consola en casa de algunos familiares, pero tener una consola en tu propia habitación, eso era otro nivel. Recuerdo que estaba perfectamente localizada frente a mi cama, sobre el escritorio, por lo que podía jugar tumbado sin ningún tipo de problema muscular. No dejaba de soñar.

Ese año comencé la educación primaria. No fue un año muy agradable, solía tener nauseas por la mañana casi todos los días, problemas anatómicos durante mi proceso de fabricación. Apenas había compañeros de clase a los que pudiese considerar amigos, aunque esto ha sido algo recurrente durante toda mi vida escolar. Los profesores dejaron de ser tan agradables como solían serlo durante preescolar. En resumidas cuentas, tengo muchos recuerdos pero apenas recuerdos buenos de mi etapa escolar temprana. Odiaba bastante ese colegio, siempre me dio la sensación de estar prisionero en una cárcel.

No me terminaba de acostumbrar a la presencia de un ser más pequeño que yo en la casa, pero poco a poco iba asimilándolo. Recuerdo la soledad de aquellos años tras el nacimiento de mi hermana, aunque imagino que es algo habitual. Creo que fue a partir de aquí cuando empecé a socializar con ciertos niños y niñas de mi bloque y barriada. Tengo especial recuerdo de una amiga con la que me pasaba las tardes y tardes jugando a tonterías varias, aunque compartíamos una afición en común; Pokémon. Ambos soñábamos con convertirnos en Maestros Pokémon. Se llamaba Estefanía y creo que era un poco más mayor que yo, aunque quizá simplemente fuese muy alta y eso me diese la sensación de que me sacaba. También recuerdo a Adalay, el hijo adoptivo de mi vecina de enfrente. Poco más. Quizá no vuelva a hablar más de Estefanía, a pesar de que fue una gran amiga de mi infancia, pero la cosa es que años después (sí, vamos a hablar del futuro, pero es más relevante ahora que luego), tras volvernos a mudar a otra cosa, me encontré con Estefanía y su madre en el médico y actuó como si nunca nos hubiésemos conocido o jugado nunca. Eso me tocó bastante la fibra sensible y desde ese momento me di cuenta de que no todo el mundo valora de igual modo las amistades.

Ya comenzaba a centrarme en mis diversas y múltiples aficiones de manera más concienzuda y a partir de aquí fue cuando comencé a encerrarme en mi habitación durante horas y horas para desarrollar mi creatividad de infinitas maneras. así que la mayoría de recuerdos que pueda tener sobre este año giran entorno a ello. Las actividades creativas que realizaba durante el día perduraban durante la noche. Siempre me iba a dormir con algún peluche o juguete, de hecho lo hice durante bastantes años, y lo seguiría haciendo si no diesen tanto calor. El caso es que al dormir siempre me imaginaba historias con esos peluches con los que dormía, historias que continuaba noche tras noche como si fuese una serie televisiva. De vez en cuando es una actividad que sigo realizando hoy en día bien para ejercitar la mente, para buscar la inspiración o para poder conciliar el sueño mejor.

Bueno, agarraos, que en 2001 vienen curvas y una odisea en el espacio.

8 feb 2020

Doñana

La niebla regaba los campos;
verdes por antonomasia,
vivos por naturaleza,
valientes por bonanza,
viejos por cordura,
violentos por supervivencia,
veraces por nobleza,
vulnerables por delicadeza.

La lluvia secaba las tierras;
por su ausencia,
por su abandono,
por su nostalgia,
por su añoranza, 
por su fervor,
por su agasajo,
por su salazón.

El aire nublaba las plantas;
la incógnita del brezo,
la sombra del pino,
la analogía de la sabina,
la brisa de la adelfa,
la alusión del lentisco,
la bondad del junco,
la soledad del barrón.

El fuego ahogaba las vidas;
decapitaba las astas,
degollaba las almas,
envenenaba las leprosas,
abrasaba las plumas,
lapidaba las razas,
atropellaba las fieras,
exaltaba la identidad.

2 feb 2020

Corazón delator

Un hombre solo. Un viejo. Un ojo velado. Una confesión. Un asesinato. Con escasos mimbres, con escasos datos, Edgar Allan Poe traza uno de sus más célebres relatos cortos, otra de esas perlas publicadas a sueldo en un periódico cualquiera y que fue lo que mantuvo con vida y cierta dignidad al escritor.

En "El corazón delator" estamos ante un relato desasosegante, esquivo, duro, directo, un retrato psicológico puro que más que a personajes otorga el protagonismo a una mente desquiciada que busca venganza y la encuentra. La narrativa de Poe en "El corazón delator" es hosca, negra, pesimista, la viva visión de la locura en palabras de un hombre que apenas nos cuenta detalles de su aversión hacia ese otro personaje que nunca aparece en el relato... porque más que él, el motivo de la aversión de ese ignoto protagonista no es el viejo per se, sino su ojo azul, pálido, velado tras una membrana y que se asemeja al de un buitre.

Tampoco conocemos (ni por Poe ni por el protagonista), los motivos de su inquina hacia el anciano y posterior asesinato. Simplemente "le molestaba". Implica esto un juego diabólico sostenido por una premisa imprecisa pero que resulta del todo magnética para el espectador: el realizar un acto tremendista y vil (como es un asesinato), por una razón no sabida o no precisada. De ahí que el retrato psicológico sea el absoluto protagonista de toda la narración. Y de ahí la maestría de Poe por  mostrarnos en unas escasas páginas que los terrores más reales quizás son los más cotidianos.