Amanece,
codos preparados,
dejamos los años atrás,
a más de seis centellas de distancia,
nos decimos el uno al otro; ya huele a locura.
II
Las rotondas se retuercen,
andas perdido,
corres desorientado,
vuelas evocado,
sueñas despierto.
III
Bajo la perennidad,
rígidas las cabezas que no piensan,
al acariciar el banco,
junto a la puerta,
que parecía un arco.
IV
Entre curva y curva,
mi mano sobre tu hombro,
fabricando miel con nuestros pensamientos,
donde la espuma lleva la almohada al altar,
y los sueños compartidos son.
V
Respirando el blanco de tus sábanas,
inmortalizamos nuestro contento,
envueltos en una melodía mediterránea,
subimos a lo más alto del castillo,
para vislumbrar el lugar desde el que diremos adiós.
VI
Todo vuelve a la absurda normalidad,
y al leer tus lejanas letras,
me evaporo en un parque de Londres,
en el que buscaremos un banco,
para volver a sentir; un Big Ben entre nuestras piernas.
rígidas las cabezas que no piensan,
al acariciar el banco,
junto a la puerta,
que parecía un arco.
IV
Entre curva y curva,
mi mano sobre tu hombro,
fabricando miel con nuestros pensamientos,
donde la espuma lleva la almohada al altar,
y los sueños compartidos son.
V
Respirando el blanco de tus sábanas,
inmortalizamos nuestro contento,
envueltos en una melodía mediterránea,
subimos a lo más alto del castillo,
para vislumbrar el lugar desde el que diremos adiós.
VI
Todo vuelve a la absurda normalidad,
y al leer tus lejanas letras,
me evaporo en un parque de Londres,
en el que buscaremos un banco,
para volver a sentir; un Big Ben entre nuestras piernas.
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