El niño se encontraba en un enorme jardín repleto de hermosas flores de todos los colores. Bailaban a su alrededor todos los sutiles aromas de la madre naturaleza. Un mantel repleto de manjares de lo más exóticos. Un pequeño lago de agua cristalina y el reflejo tenue de los rayos de sol. Pero el niño solo se fijaba en la navaja que empuñaba en su mano derecha. El fétido olor férreo estropeó la escena. El cuento acabó antes de tiempo. Ya no hay nada más que imaginar. Cierra la ventana.
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