No son buenos días, ni lo serán por una buena etapa. Desde hace unos días he comprendido que debo quitarme la máscara colorida por un momento y aceptar que todo está más gris de lo que pensaba. Estoy sintiéndome un poco ridículo desde ayer, aquí esperando... ¿esperando qué? No lo sé, quizá es que el verbo esperar sea lo único que encaje aquí. Creo que de momento no debería soltarme de la mano del optimismo y esperar a que sea momentáneo. De todos modos, sólo uno sabe mejor que nadie cuándo algo es pasajero, y cuándo es de verdad, y puedo asegurar que esto puedo percibirlo hasta con el sexto sentido, sentido el cual, aún no me ha dado tiempo de averiguar, ¡anda, ya tengo algo que hacer!
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